¿Qué es la VIOLENCIA VICARIA?
Hola, ¿cómo
estás? Hace unos días logramos
dictaminar el proyecto de violencia vicaria en la Cámara de Diputados. Y
quedamos a un solo paso, del tratamiento en el recinto, para que se incorpore
esta modalidad de violencia por motivos de género en nuestra legislación.
Por eso mismo,
invitamos a una compañera chilena, Barbara Porter, que trabajó profundamente en
la temática para conversar sobre las formas más comunes de violencia vicaria,
la necesidad de tener legislación acorde y cómo ve la comunidad en esta época.
Bárbara es doctora
en Psicología, psicoterapeuta acreditada, docente e investigadora. Pero, sobre
todo, es una gran compañera feminista.
Me gustaría conocer tu definición de Violencia Vicaria para abrir el diálogo
La violencia vicaria ocurre en el contexto de la violencia de género, cuando el agresor tiene una historia de agresiones a la mujer y comparten hijos. La violencia vicaria es aquella que instrumentaliza a las personas queridas para la mujer para continuar haciéndole daño con el consecuente daño directo que se produce en este caso sobre los niños y niñas. El daño es grave aún cuando no existe una lesión física en algunos casos. Por ejemplo, cuando hay violencia psicológica o económica se pueden rastrear en el sistema nervioso de esos niños y niñas un desarrollo distinto al de los niños y niñas que no han sido expuestos a ese tipo de violencia.
¿Cuál crees que
es la más común de las modalidades de la violencia vicaria?
Yo diría que la
más común y muchas veces normalizada es la violencia económica, que es el no
pago de la pensión de alimentos o de la cuota alimentaria. Es un tipo de
violencia vicaria en el sentido de que a través del control económico del no
cumplimiento de la obligación de pagar, no solo están mermando las posibilidades
de ese niño o niña, sino que en el fondo lo que buscan a través de eso es
hacerle un daño también a la madre que tiene que muchas veces sobreexplotarse a
sí misma en distintos trabajos precarizados para tratar de sobrellevar las
necesidades económicas y emocionales de sus hijos e hijas. Por supuesto también
está la violencia física. El maltrato físico directo hacia los niños y niñas
muchas veces es revestido, por estos hombres, como disciplina más dura, como
que las mujeres somos muy blandas y somos demasiado permisivas, muchas veces
disfrazan el maltrato físico con ese tipo de discurso y por supuesto que eso
también es violencia vicaria; los niños
que llegan con moretones, con rasguños, con lesiones en sus cuerpos.
En los últimos
días conseguimos que el proyecto para incorporar la violencia vicaria a nuestra
ley de violencia por motivos de género sea dictaminado por la cámara de
diputados y quede más cerca de convertirse en ley ¿Podrías contarnos algunos
efectos que conozcas sobre legislar en violencia vicaria?
Es algo
fundamental que en el marco jurídico de nuestros países esto esté tipificado
porque sabemos que lo que no está tipificado, descrito con con mucha claridad,
con mucha precisión finalmente no es tomado en cuenta, es invisibilizado. Piensen
ustedes que cuando no existía siquiera la violencia intrafamiliar, que después
se transformó en violencia hacia la mujer o violencia de género, en nuestra
legislatura, esto no era considerado como un problema. Entonces, este este paso
que se está dando para nombrar la violencia vicaria, para tipificarla es un
tremendo paso. Es clave poder detectar a tiempo este fenómeno, poder tener un
marco legal que permita proteger a tiempo a las víctimas, que en este caso son
las mujeres y sus hijos e hijas. Sabemos que el Poder Judicial como institución
de nuestra cultura tiende a replicar los sesgos y los patrones vigentes que
tiende a ser un sesgo andro - adultocéntrico, por lo tanto, la interpretación
de las leyes cuando no están suficientemente claras tienden a replicar ese
sesgo que finalmente favorece a los agresores.
¿Cómo crees que
hoy es posible hacer comunidad o intentar algún tipo de reconstrucción del lazo
social en una época tan agitada por discursos de crueldad y persecución?
Sinceramente, desde afuera de las fronteras de Argentina, vemos con bastante preocupación lo que está pasando, lamentablemente, con nuestros hermanos argentinos y el clima que se está viviendo en torno a derechos que creíamos que ya se habían conquistado sobre todo para las poblaciones más vulnerables. Me parece que en ese sentido más allá de lo que de la respuesta que puedan dar las élites en esta coyuntura pienso que es el poder popular, las organizaciones sociales, las que finalmente pueden hacer la diferencia. Estamos viviendo a nivel mundial una coyuntura de una progresiva deshumanización, deshumanización de las mujeres, de los niños, del migrante, de la persona que es diferente, de las disidencias sexo genéricas. Yo creo que el movimiento para humanizar y aceptar la diversidad y considerar una riqueza no necesariamente va a venir de de las élites, sino que yo creo va a venir finalmente de las organizaciones sociales.
¡Hasta la
próxima!
Mónica Macha